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Lo que un economista puede aprender de Gabriel García Márquez


¿Cómo un economista puede utilizar las obras de García Márquez? Pues en muchos casos los economistas debemos analizar los contextos históricos, políticos y culturales del lugar o espacio geográfico que se va a estudiar. En el caso de Latinoamérica, en mi opinión, no existe mejor recurso que las obras del gran García Márquez.
Un sabio profesor me recomendó revisar la obra “100 años de soledad” para entender el comportamiento de los latinoamericanos en la primera mitad del siglo XX. Al principio no comprendía la relación entre el análisis político-económico y una obra de literatura, después de haber investigado y entender la riqueza de la recomendación de mi profesor me sentí como un ignorante. Muchas respuestas estaban en la literatura.
La lección más importante que aprendí fue que la “locura” política de los líderes latinoamericanos están sobre la sensatez económica. La avaricia por el poder, los extraños intereses y las ganas por vivir en un otoño me daban mi más grande lección como economista, la política siempre está relacionada con la economía.
Las obras, en este caso, de García Márquez eran muchísimo más completas que cualquier análisis político y/o sociológico de la época, simplemente era increíble pasar de la “frialdad” del análisis de datos al conocimiento, de cierta forma,  más genérico. Esto puede llevar a correlacionar de una manera más idónea variables de causa con efecto.
Nunca olvidaré el primer párrafo con el cual García Márquez comienza su discurso de aceptación al Premio Nobel de Literatura:
Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación (…)Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.”

Gracias Gabriel García Márquez por todo. Leer sus obras, entenderlas y reflexionar sobre ellas nos llevará adelante en nuestro camino para que “las estirpes condenadas a 100 años de soledad tengan una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Economistas, lean a García Márquez, encontraran respuestas. Yo lo seguiré haciendo, me faltan muchas obras y preguntas a ser respondidas.

*Artículo publicado originalmente en Larepública.ec 

La matriz productiva


El cambio de la matriz productiva es, en estos tiempos, uno de los puntos de debate que más circula en el ámbito económico. Revisemos un poco a qué se refiere esto (en mi perspectiva) y, posteriormente, una pequeña reflexión.
¿Qué es una matriz productiva? Como yo lo veo, este término engloba un significado matemático y económico al mismo tiempo. Una matriz es una forma de ordenamiento de números que pueden representar tanto vectores como puntos en un plano. Lo esencial de esto es que tanto filas como columnas de una matriz tienen que ver unas con otras en su intersección.
La parte productiva, obviamente, tiene una connotación económica. Las preguntas comunes en economía para referirse a la producción son: ¿Qué producir? ¿Cómo producir? Y ¿Para quién producir?. Todo esto engloba el aparato productivo de un país que, por medio de diferentes industrias, genera bienes (o servicios) a ser consumidos por clientes.
Uniendo estos dos conceptos , podemos deducir que la matriz productiva es una forma de ordenamiento de los diferentes procesos productivos de una economía. Este ordenamiento (matriz) combina insumos y bienes finales con el objetivo de divisar de una manera clara la dinámica de las industrias y de cómo estas se intersecan (esto fue desarrollado, académicamente, en la matriz de Leontief).
Cambiar (o diversificar) la matriz productiva se refiere a ampliar la cantidad de industrias tanto de insumos como de bienes finales con el fin de agrandar el aparato productivo ecuatoriano. La propuesta del Gobierno de hacer esto parece coherente ¿o no? .
Una pequeña reflexión:
¿Cómo los técnicos económicos saben qué tipo de industrias fomentar dentro de este esquema de la matriz productiva? La respuesta: no lo saben.  Aunque ellos tengan respeto a la lógica, esta puede estar equivocada o mal interpretada.
Hace 20 años, en Chile, existió el llamado “boom” del salmón ahumado. Muchas industrias se situaron alrededor de este producto y colocaron a este país en la vanguardia de su producción.
La lógica nos lleva a pensar por el lado de la tecnología para crecer y ser competitivos, pero ¿el salmón ahumado? No suena tan sofisticado.
Quisiera dejar en su consideración, estimado lector, si este tipo de procesos tienen que surgir desde la espontaneidad y el conocimiento colectivo de las personas emprendedoras, o más bien desde la planificación central con amplia pretensión de conocimiento.
Mi opinión: el salmón gana.

*artículo publicado originalmente en Larepública.ec


Un teorema para Ecuador


Esta última semana murió Ronald Coase, Premio Nobel de economía en 1991. El profesor Coase, de la Universidad de Chicago, nos deja un gran legado, el conocido “Teorema de Coase”.
Este teorema es muy nombrado alrededor de economistas e intentaré sintetizarlo en la mejor forma posible. Para esto me basare en el profesor español Xavier Sala i Martin actual catedrático de la Universidad de Columbia.
Sala i Martin explica en su blog, de una manera bastante pedagógica, lo que es el “Teorema de Coase” usando de ejemplo asientos de pasajeros en un avión.
Imaginemos que entramos en un avión y nos sentamos en cualquier fila de la clase pasajera. Normalmente, pensamos en reclinar nuestro asiento al igual que la persona que se encuentra delante de nosotros. Esto causa una externalidad negativa ya que nuestra comodidad afecta a la del pasajero atrás nuestro y así continuamente. Estas externalidades son conocidas como “fallas de mercado” y la solución de los llamados enemigos del neoliberalismo, es la intervención estatal. Volviendo a nuestro ejemplo, ¿qué puede hacer el Estado para evitar que sintamos incomodidad y eliminar estas externalidades? Tal vez poner una ley que evite que se reclinen los asientos en los aviones.
Parece que el problema esta resuelto ¿no?. La verdad es que las cosas no son así de fáciles.
¿Qué pasaría si la comodidad que tiene el pasajero es superior al perjuicio que siente el otro pasajero al cual le reclinaron el asiento delante suyo? ¿Cómo pueden cuantificar esto los hacedores de leyes?
Las respuestas a estas preguntas las tuvo Coase ya para el año 1961. En palabras de Sala i Martin:
El teorema de Coase dice que la intervención del estado para corregir externalidades no es necesaria porque, si las leyes de propiedad están claras y el coste de firmar un contrato libre entre las partes es pequeño nulo, las partes acabarán llegando a un acuerdo privado que sea socialmente beneficioso.”

¿Cuánta  relación veo  entre este teorema y Ecuador? Bastante.

Empecemos por el tamaño del Estado en Ecuador. Este abarca alrededor del 40 % del PIB y se encuentra prácticamente plasmado en casi todas las actividades. El motor público es fundamental tanto para la economía como para hacer leyes y crear instituciones.

Esta visión, que es la que predomina actualmente en el Gobierno, mira al Estado como un hacedor de todo, y no permite al privado concretar acuerdos que pueden llegar a ser socialmente beneficiosos. No obstante, recordemos que una condición para que se cumpla el teorema es la existencia de leyes claras y que los costos de transacción sean pequeños o nulos. ¿ Se cumplen estas dos condiciones? No y no.

La comprobación de esto lo evidencia los bajos números de inversión privada extranjera y nacional. Justamente, existe poca seguridad jurídica y los costos de transacción son muy altos. En cuanto a lo segundo estos se evidencian por el tiempo que se toma en constituir una empresa o el problema con importar, por ejemplo (salida de divisas). Por ende, Ecuador no cumple con las condiciones para que los contratos privados prevalezcan sobre la intervención estatal.

Lo que opino personalmente es que en lugar de realizar transformaciones estructurales que permitan cumplir con las condiciones antes mencionadas (Leyes claras, costos de transacción bajos o nulos) el Gobierno se empeña en creer entender y controlar la complejidad de la sociedad. Este tipo de soberbia no es cuestión de un solo personaje sino de un modelo.

Muchas gracias Ronald Coase por permitirme llegar a esta reflexión, descanse en paz.


Entrada del blog de Xavier Sala i Martin que explica el “Teorema de Coase”:

*Artículo publicado originalmente en larepública.ec


Allende y la macroeconomía del populismo

Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards escribieron una obra muy interesante que analiza los procesos populistas de varios países del mundo, entre estos se encuentra el caso chileno.
Entre lamentos, llanto y nostalgia varios líderes recordaban un fatídico 11 de septiembre en el cual dejaba este mundo un gran líder socialista, Salvador Allende. Este personaje, candidato varias veces a la presidencia, es recordado por haber roto paradigmas de la época y lograr ganar la presidencia de Chile, teniendo como insignia la ideología socialista.
Allende dejó un gran legado. No obstante, su gobierno tuvo varios fallos, analicemos algunos:
Su primer año fue marcado por cambios estructurales en la economía, comenzando por una intensa reforma agraria. A este tipo de procesos le seguían proyectos de reformas constitucionales que permitían la nacionalización de, sobretodo, grandes minas de cobre. Siguiendo la lógica de regímenes socialistas, los salarios se elevaron, en mayor proporción, para las clases sociales más bajas. El gasto público se elevó de gran manera por medio de programas de expansión fiscal y desarrollo.
El gobierno de Allende tuvo pocos momentos de euforia puesto que uno de los peores males de la economía lo sorprendería, la inflación. Según Dornbusch y Edwards, la inflación creció del 34,9% (como porcentaje del PIB) en 1970 a 605,9% (como porcentaje del PIB) para 1973.
El segundo año, sería uno de ajustes y de medidas de estabilización. Una medida simple y absurda, en mi opinión, que usan los gobiernos para controlar la inflación son los llamados controles de precios. El gobierno de Allende sería un más de los casos en el cual, una política macroeconómica de este estilo, resultara en un rotundo fracaso.
Finalmente, más repercusiones de las políticas económicas socialistas afectarían a Chile hasta llegar al problema incontrolable de la escasez en bienes y alimentos. De igual forma el gobierno pensó poder solucionar el problema “ordenando” a las personas. Esto no llevaría nada más que a huelgas, manifestaciones y angustia en el pueblo chileno.
Personalmente pienso que el gobierno de Allende tuvo varias direcciones erróneas al momento de gestionar la macroeconomía chilena.
Muchos pueden tener sus versiones, como la supuesta intromisión de los Estados Unidos. Pero más allá de eso, pienso que el poco análisis que le damos al gobierno de Allende nos lleva, a los latinoamericanos, a conformarnos con un discurso colorido y una historia de valor y lucha, mientras nos tapamos los ojos ante una gestión que tuvo varios errores y estuvo muy lejos de ser buena, mucho menos perfecta.
Cabe mencionar que no tengo ningún agrado para con la administración Pinochet.
artículo publicado originalmente en www.larepublica.ec

El test del gobierno invisible


     Por Daniel Baquero
       
             El profesor, sicólogo y premio nobel de economía de la Universidad de Princeton, Daniel Kahneman, en su libro “Pensar rápido, pensar despacio” describe un experimento bastante interesante llamado “El test del gorila invisible”. Existen dos equipos conformados por tres personas cada uno. El primer equipo usa camisetas de color blanco y el segundo usa camisetas negras;  y estos equipos deben pasarse una pelota de básquet a lo largo de  treinta segundos. El principal propósito de la persona que observa el experimento desde afuera, es contar cuántos pases realizan los individuos con camiseta blanca. Al final del experimento lo interesante fue que, en promedio, la mitad de las personas contaron el número de pases pero perdieron de vista el gorila que pasó entre los jugadores de ambos equipos en la mitad del experimento.


            Al margen de las implicaciones para distintos campos de este valioso experimento, me permito rescatar dos aplicaciones para el Ecuador usando el ejemplo de manera figurativa. Primero, los ecuatorianos (y no en promedio, sino en su mayoría) estamos concentrados en mirar a la gente pasarse el balón y perdemos de vista el gorila que se atraviesa en la mitad del experimento. Es decir, las acciones menos importantes (carreteras) opacan problemas que ahora son tan obvios como la supresión de libertades y control sobre las decisiones de los individuos (ej. qué comprar, qué marca comprar, cuánto comprar: mediante la sustitución “inteligente de importaciones”). Segundo, la sociedad se ha polarizado, los del equipo de camiseta blanca y los de camiseta negra; los que están con el gobierno y los que no. Claramente esta posición no permite mantener consensos, sino imposiciones y peor aún ocasiona persecuciones. El gobierno es más visible que nunca hoy en día, no podemos ignorarlo; por lo que el balance de acciones y políticas debe ser discutido de manera más activa, sino seremos simplemente ser parte del experimento sin derecho a opinión.

Las lecciones de Maduro

Por Daniel Baquero*

Las lecciones de vida siempre son bien recibidas, más aún si se predica con el ejemplo. Los países latinoamericanos reciben lecciones con ejemplos prácticos, del presidente Maduro y el modelo puesto en marcha desde hace doce años, de lo que no se debe hacer al momento de gobernar un país. Si existiese un libro de todas las políticas que no deben aplicarse, el presidente Maduro seguramente escribiría más que el prólogo. Lo triste es que mientras esto sucede, existe un país de por medio que sufre de escasez, inflación, violencia, supresión de libertades, falta de información, por citar unos pocos. La pugna de poderes hoy ha llevado a Venezuela a una lucha por la supervivencia de la población.

A pesar de que existe un alto precio del petróleo las cuentas del gobierno venezolano se encuentran en rojo. El socialismo del siglo XXI, vive en su mundo de retórica y manipulación de las masas, sin pisar sobre suelo firme. Seguramente la culpa se repartirá entre: la derecha, la oposición, el imperio, y todos aquellos que no piensen igual al discurso oficial. Y es que culpar a los demás es, tal vez, la acción más eficiente que ha llevado a cabo el presidente venezolano y muchos colegas suyos en la región. Quedan como anécdota sus confusiones, declaraciones fuera de contexto o revelaciones divinas; cuando el país recibe el veredicto por parte de la jueza letal e implacable de todo gobierno: la realidad. Ni las alianzas, reuniones, ideologías, solidaridades, discursos, ALBA´s, ni las redes sociales regionales; podrán eliminar los efectos negativos de varios años de políticas que han servido para consolidar un sistema que no es sostenible desde su concepción.


Al final podrán argumentar que las políticas de Chávez fueron las que minaron el camino y Maduro enfrentó los tiempos de cosecha, pero las acciones recientes demuestran que las culpabilidades ponderadas no alteran el resultado final. El consuelo sería que el resto de países aprendan la lección, al menos así el precio que pagan los venezolanos hoy no sería en vano.


Estudiante de economía USFQ 

América Latina: la historia como manipulación


Daniel Baquero*


La historia está llena de héroes y villanos, de glorias y derrotas, pero sobretodo en América

Latina de dictaduras y regímenes totalitarios. La memoria colectiva es frágil, el vencedor es que

el que cuenta la historia y, generalmente, se la acoge como verdad por lo que es necesario en

ciertos casos el cuestionamiento de los hechos. En América Latina la imagen de ciertos líderes

ha sido llevada casi al nivel de mártir, olvidando ciertos puntos de análisis indispensables a la

hora de emitir criterios. Primero, no existen dictaduras buenas independientemente de su origen

ideológico o tendencia política. Es decir, no importa si son de derecha o de izquierda, la dictadura

de por sí implica la coartación de las libertades individuales: el fin no justifica los medios. Segundo,

cualquier criterio emitido por un régimen que se mantiene más de cincuenta años en el poder

debe ser cuestionado, porque al margen de sus intenciones por defender “la democracia”, el

ejemplo predica más que la retórica. Tercero, no se justifica tampoco la intervención de países

extranjeros en conflictos de carácter interno, así sea en nombre de la democracia y la defensa de

las libertades.  Los ejemplos son muchos  y los aprendizajes, al parecer aún pocos.


La violencia, es un triste elemento de la historia, pero también se puede evitar a futuro cuando se

entienda que las ideologías y los héroes (en su mayoría) del último siglo, de izquierda o derecha,

no son más que cortinas de humo de gobiernos que buscan reducir el debate y el pensamiento

crítico dentro de las sociedades. Una cosa es la cívica y el respeto por la historia de un país junto

con individuos que la engrandecieron; y otra muy diferente es el abuso de poder y el discurso

desgastante usando elementos y figuras como manipulación para lograr aceptación y perpetuarse

por décadas. Exijamos más debate, mayor educación y, menos imposiciones, culpabilidades e

ideologías.

*Estudiante Universidad San Francisco de Quito